Sentimientos y emociones de un hijo con discapacidad y los sentimientos y emociones de sus padres

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A pesar que durante el embarazo se piensa e incluso existe un pequeño temor de que pueda existir una complicación que afecte a un niño de manera temporal o permanente como puede ser un síndrome, ningún padre o madre está debidamente preparado para dar respuesta adecuada ante la discapacidad de su hijo o hija

Cuando nace un hijo con discapacidad, la dinámica familiar se altera al ver rotas las expectativas que se tenían para su hijo. Aun antes de nacer ya se piensa primero si sería niño o niña, a quién se iba a parecer, que carácter tendría, que deporte practicara, en que colegio hará sus estudios etc… y así van formándose las ilusiones de los padres, las cuales se piensa que están derrumbadas cuando reciben la noticia su hijo ha nacido con una discapacidad. Al saber que su niño es “diferente” a lo que esperaban, las emociones de dolor, miedo, angustia y frustración aparecen ante lo desconocido, ante lo escuchado quizá por alguna persona e incluso ante el conocimiento de algún síndrome en particular, o desconocimiento total de discapacidades.

Al saber que el bebé ha nacido con una discapacidad, la pareja y su dinámica se alteran. Este hecho también afecta a toda la familia: hermanos, abuelos, tíos, los cuales tampoco saben cómo responder y cuando lo hacen, quizá no lo hagan de la manera adecuada, no porque esté mal, sino porque no estaban preparados para esto.

A todo padre le afecta una noticia de este tipo, pero la unión familiar y el tipo de relación y comunicación que tenga la pareja, ayudarán a dar respuesta para apoyar tanto al hijo con discapacidad como al resto de la  familia.

Ante la discapacidad del menor, puede haber respuestas o acciones inapropiadas como pueden ser la indiferencia, la sobreprotección, la adopción o incluso el abandono, como consecuencia de una culpa inconsciente de los padres que afecta de forma negativa la intervención que es tan necesaria para afrontar y dar respuesta a la situación.

Dentro de la dinámica familiar, puede suceder que la madre en el afán de cuidar al niño(a) con discapacidad, se dedique de sobremanera a su cuidado, descuidando a sus otros hijos e incluso ella misma, iniciando la relación simbiótica con su hijo (que solamente ella se hace cargo del bebe), excluyendo al padre.

El padre juega un papel muy importante en la relación con los hijos. Sin embargo, en ocasiones cuando tiene un hijo con discapacidad, puede aislarse para evitar así el dolor que le causa la situación. Lo anterior aunado al trabajo, el cual le ocupa mucho tiempo, hace que el padre llegue tarde y cansado a casa después de la jornada laboral, lo cual repercute también en el tiempo que puede dedicar a su hijo. Mientras tanto la madre ha ido aprendiendo sobre la discapacidad y la rehabilitación y desarrollo de su hijo durante las terapias. Lo anterior incide directamente a que se propicie la relación simbiótica madre-hijo y el padre esté cada vez más distante para participar en forma activa con ambos.

Con el tiempo muchas parejas llegan a la separación física o emocional (puede seguir viviendo el padre en casa pero es un padre ausente), afectando no sólo al pequeño con discapacidad sino al resto de su familia.

Otra situación que también podría presentarse es cuando el padre se hace responsable de los demás hijos y la madre del niño con discapacidad, alterando de todas formas negativamente la dinámica familiar, los hermanos dejan de convivir entre ellos, los cual llega a tener como resultado una alejamiento.

El hijo desde el nacimiento percibe las emociones de los padres deprimidos, enojados desilusionados o los padres entusiastas que toman fuerzas para dar respuestas a sus necesidades y a una integración como parte primero de su familia y posteriormente de la sociedad. Recuerde que el niño que es tratado diferente en casa “será diferente” en su entorno social.

El niño puede llegar a pensar que lo que ahí pasa es por culpa de él o de su discapacidad, afectando directamente a su autoestima, provocando sentimientos de tristeza, enojo o desesperación. Dichas sensaciones y percepciones pueden fomentar conductas rebeldes o sumisas, pasivas y apáticas. Estas conductas están cargadas de ansiedad provocando la desilusión de los padres y del mismo hijo, volviéndose un círculo vicioso, cada vez más difícil de sobrellevar.

Es muy recomendable que toda la familia reciba apoyo emocional al saber que su hijo tiene alguna discapacidad, para entender sus emociones sin sentirse culpables. Al recibir apoyo emocional, la familia podrá convivir armónicamente, mejorando la dinámica familiar, dando respuestas a cada miembro de la familia de acuerdo a sus necesidades y llegar a ver a la discapacidad como una condición con la que se puede vivir y que su hijo tiene una discapacidad más no está discapacitado

Bibliográfia:  http://discapacidadypsicologia.blogspot.mx/

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